
Mientras asistimos atónitos, y a veces impasibles, a ese interminable drama de exiliados huyendo del exilio o refugiados tratando de encontrar «refugio» en fronteras que no tienen salida; migrantes de todos los colores exponiendo sus vidas en miserables pateras surcando mares revueltos; barcos de rescate Aquarius o Diciotti a la deriva sin un puerto en el que poder desembarcar su «mercancía»…, y autoridades que solo admiten invitados exclusivos en sus «casas de lujo», los recuerdos de nuestra propia tragedia humana se van poco a poco desvaneciendo.
En lo que se refiere a «mi querida España, esta España mía, esta España nuestra», que diría Cecilia, conviene no olvidar que entre 1959 y 1973 emigraron, solo al continente europeo, 1.066.440 personas (el 71% de la emigración total), que se dice pronto. Durante ese periodo de tiempo, una de las etapas de mayor crecimiento se produjo entre 1961 y 1964. Así que, en esa época, ya eran miles de españoles los que habían decidido marcharse a otro país en busca de una vida mejor, y que aún tardarían largo tiempo en regresar, si es que alguna vez podían o querían volver.
Para que todos esos «involuntarios exiliados» se sintieran un poco más cerca de su casa, en 1964 comenzó a emitirse el programa radiofónico De España para los españoles, que tan emotivamente presentaba la locutora de radio y actriz María Matilde Almendros Carcasona, quien cada noche, después de escucharse su inconfundible sintonía —o sea, el «Lady of Spain» interpretado por la entonces imprescindible orquesta y coro de Ray Conniff—, empezaba con aquello de: «Un servicio de Radio Nacional de España en Barcelona dirigido a cuantos españoles nos sintonicen desde fuera de sus hogares».
En este legendario programa, dirigido en efecto a los españoles que estaban lejos de su hogar, y que tanta gente escuchaba fuera y dentro de nuestras fronteras, se leían las cartas que los emigrantes enviaban con saludos para sus familias. Y, para añadirle más emotividad todavía, las familias, a su vez, les dedicaban canciones a sus seres queridos que estaban fuera de sus casas, allá en Francia, Alemania o Suiza, que eran los países a los que en mayor número habían dirigido sus esperanzas de trabajo y de un futuro más digno.
Entre esas canciones, por cierto, seguro que no faltaban «En tierra extraña», ese maravilloso tema que con tanto sentimiento interpretaba Concha Piquer, y que aún hoy nos sigue poniendo los pelos de punta; la no menos emotiva «Adiós a España», con la que Antonio Molina conseguía desencadenar un tsunami de lágrimas; o «El emigrante», la canción a la que tanto ardor le ponía Juanito Valderrama, y que solía ser una entrañable rúbrica para muchas de esas cartas.
De España para los españoles permaneció en antena trece años, de 1964 a 1978, y su conductora, María Matilde Almendros, recibió, el 25 de marzo de 1969, el Premio Ondas a la mejor locutora de radio, que entonces, como hoy, era un extraordinario reconocimiento para una profesional de los medios de comunicación como ella.
María Matilde era, sin duda, el alma de este programa, que tantas lágrimas, emociones y alegrías transmitió durante sus largos años en antena. Y es que no había sensación más profunda que acostarse cada noche y escuchar las sentidas palabras de aquellos que, lejos de sus casas, soñaban con poder volver algún día y abrazar a sus seres queridos.
Y ahora por favor, a modo de sentimental despedida, que suene la orquesta y coro de Ray Conniff y su deliciosa «Lady of Spain»…
PD
Según los datos del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), el 1 de enero de 2025, el número de personas con nacionalidad española que residen en el extranjero se situó en 3.045.966. Con relación a 2024, Argentina, México y Estados Unidos fueron los países con mayor incremento de personas con nacionalidad española.
Texto extraído de mi libro El Retrovisor. Un paseo emocional por la memoria (El ojo de Poe, 2019).