abril de 2025

Zubiri: Realidad frente a Ser

La realidad recupera hoy posiciones respecto al sujeto, frente al subjetivismo que extravió los idealismos de los siglos XVII, XVIII y XIX. Estos, con su duda y hasta negación de la realidad externa al sujeto, propusieron a éste como único fundamento indubitable (cogito, ergo sum cartesiano). El idealismo racionalista y sus derivaciones, como el hegelianismo —quizá su máxima expresión—, son ajenos a la concepción de Zubiri, que desplegó una amplia revisión crítica de la modernidad. Para él, no es el sujeto quien se representa la realidad, sino que es la realidad la condición de posibilidad de cualquier representación, pues ella crea y constituye al sujeto en sustantividad inteligente.

Xavier Zubiri (1898-1983) realizó una excelente síntesis de filosofía y ciencias, de tradición y modernidad, construida sobre una determinada concepción del hombre. Es decir, sobre una antropología fundada en la tradición objetivista del racionalismo realista de Suárez (1548-1617), pero ampliada por la incorporación de las aportaciones científicas modernas, que él conoció muy bien. Un concepto básico de esa antropología es la “inteligencia” (inteligencia sentiente), constituida en la “realidad”. La «inteligencia sentiente» se refiere al modo de conocimiento del ser humano, que es a la vez sensación e intelección.

El realismo zubiriano está constituido sobre la noción transcendental de “realidad”, frente al racionalismo realista de Suárez, centrado en ser y substancia. Para Zubiri, la realidad no es una mera construcción mental ni algo externo al sujeto, sino que es aquello que se impone «de suyo», es decir, que se presenta con independencia de nuestra voluntad. La “realidad” zubiriana no es solo una categoría ontológica o epistemológica: es también respectividad y sistema. En relación con el realismo filosófico tradicional, considerado “ingenuo”, “realidad” es un concepto también contrapuesto al de sustancia. El concepto de realidad en Zubiri se refiere a estructuras, nunca a esencias o sustancias intangibles. Su metafísica lo es en su más pleno sentido: la realidad más allá de la física (y de la química, la biología, etc.).

La teoría de la realidad de Zubiri también integra al “ser” de la metafísica tradicional. Pero su indagación se centra en la “realidad” que sustituye como noción central a la idea de “ser”. No trata del “ser”, sino de la “realidad”, categoría primaria, fundamental y principal de su filosofía. Todo lo que hay coincide en su realidad, no en su sustancia, ni en su esencia, ni en su ser. La realidad no es la naturaleza, ni es la conciencia, aunque ambas formen parte de esa realidad; es la misma realidad en tanto tal, sujeto y objeto a la vez. Para Zubiri, la realidad de algo es la cosa “de suyo”, lo real a secas, como es y se percibe. Y el “ser” es un momento de lo real (actualidad de lo real en el mundo), un acto de la realidad, diferente de ella, aunque la presupone.

La realidad no es un sinónimo de todas las cosas existentes, sino que es lo presente en la aprehensión, algo propio de lo dado, a lo que Zubiri llama «de suyo» (suidad). A diferencia de la filosofía tradicional, la metafísica no puede tener como objeto el “ser”, sino la “realidad”. La filosofía es metafísica, mas no en el sentido tradicional de ciencia del “ser” y del “ente”. Zubiri recuperó el realismo metafísico del objetivismo, el realismo gnoseológico y epistemológico de lo verdadero y el realismo ético-jurídico del bien, porque lo real, lo verdadero y el bien están ligados, son coincidentes. Mas no es una filosofía de la objetividad, ni del ente, ni fenomenología u ontología. Es filosofía de lo real en cuanto tal: la Ciencia de la Realidad.

Todo lo real es “respectivo”, es decir, está integrado en un sistema en el que cada cosa real se remite a otras. Remisión posibilitada por su aparición en la realidad. Pero la aparición de cada cosa se efectúa desde su propia realidad, en lo que Zubiri denomina “suidad”: cada cosa es “de suyo” lo que es, pero en referencia a las otras cosas reales. La realidad, en cuanto tal, es respectiva, y al conjunto de respectividades de la realidad es a lo que Zubiri llamó “mundo”. Toda cosa real está presente en el mundo, presencia que es su actualidad. El ser es la actualidad de lo real, sólo un momento de la realidad, la realidad en su actualidad ahora.

La realidad es la formalidad del «de suyo» (“suidad”) de cada cosa, abierta a la misma realidad para su aprehensión. En otras palabras, la realidad es lo que está ahí, abierto a ser conocido y experimentado, pero que, por efecto de su dinamicidad, tiende a escapar de ser íntegramente aprehendido. Zubiri criticó la concepción tradicional de la realidad como inmutable y eterna, pues es dinámica, abierta y cambiante. La realidad es el fundamento de todo conocimiento y acción, lo que hace posible que el hombre conozca y transforme el mundo.

Dinámica en su estructura y en sus referencias, la realidad encuentra en el tiempo la forma de esta dinamicidad. El tiempo es el “dar de sí” de la realidad, no los tradicionales y aristotélicos movimiento o cambio, que se producen dentro de ese “dar de sí”. Pero, más precisamente, el tiempo es algo más que ese “dar de sí”: es el hecho de “estar dando de sí”. El tiempo es el ser del dinamismo, pues es la actualidad del “dar de sí” en la realidad. Pasado, presente y futuro encuentran su unidad en la esencia de ese “estar dando de sí”, y esa esencia es el “siempre”, que es la unidad de estabilidad de pasado, presente y futuro.

El hombre se ha de apoyar en la realidad para personificarse, porque está inmerso en la realidad, y no sólo entre otras cosas reales. Apoyo que tiene carácter de fundamento, pues es sobre la realidad sobre lo que inciden las acciones humanas, es el ámbito de lo posible para el hombre. Entre aquello que hace y él mismo, el hombre intercala proyectos de vida, optando por unas posibilidades entre otras, que se presentan como formas efectivas y partes de su realidad. Esto es también un soporte impulsor, pues no sólo puede actuar y obrar, sino que es impulsado a ello para hacerse efectivo en la acción.

Ilustración de Eugenio Rivera

El fundamento de cada individuo está, por tanto, en la realidad, en el poder de lo real. Es el apoderamiento por y de lo real, lo que inserta al hombre en la realidad y le hace persona, pues, es mediante esa inserción como se hace persona el ser humano. Pero, ¿cómo sucede ese apoderamiento? El apoderamiento acontece al ligarle al poder de lo real, ligadura peculiar que Zubiri denominó “religación”. La religación es un hecho real y constatable, que afecta al todo de la realidad humana, no siendo ni obligación ni sentimiento de dependencia, sino ligazón reforzada (religación) a la realidad y a su poder.

Tomar consciencia de ser persona supone para el ser humano adentrarse en la búsqueda del fundamento del “relativo ser absoluto” que cada uno posee, que está en la “religación”. Por eso la religación es también presencia, experiencia y manifestación de lo enigmático. La “realidad fundamento” o “fundante” constituye la única solución posible al enigma de la realidad total y de la propia realidad personal de cada uno. Es el problema de Dios, que no reviste carácter teórico para él, sino práctico, ya que cada hombre ha de resolverlo en su vida y en sus acciones. Un problema que sólo puede tratarse desde y por cada hombre, pues sólo al hombre se le presenta en la problemática de la realidad.

Zubiri no consideró satisfactorias las “pruebas” tradicionales de la existencia de Dios, y tampoco la vía antropológica o racional, proponiendo a cambio la vía de la religación. La religación es una relación entre hombre y cosas y, además, la estructura respectiva misma en la que acontece lo real. La religación es, a la vez, algo humano y algo cósmico. Una vía que permite acercarse a Dios, fundamento último, posibilitante e impulsor de lo real y de su poder. Dios es una realidad suprema, no un ente supremo: Dios no es, pues ser es actualidad de la realidad en el mundo y el ser pertenece a la realidad, mientras que Dios está siempre, como realidad permanente y suprema. La religación es también el fundamento de la religión.

Dios es la realidad “absolutamente absoluta”, el fundamento existencial del hombre. Éste, solo posee una realidad “relativamente absoluta”, que es absoluta en el mundo, por estar fundada en Dios. Y Dios es la realidad última posibilitante e impulsora, la realidad absolutamente absoluta. Dios está en el “siempre” que hace posible la unidad estable de pasado, presente y futuro. Está formalmente presente en las cosas reales constituyendo su realidad que, a la vez y por sí misma, es rastro y manifestación de Dios: presencia de Dios en los seres y en las cosas. Y no de un modo general y abstracto, sino en la concreción en que se descubre al hombre, a cada hombre.

En este siglo XXI la filosofía parece orientarse hacia una redefinición, tras constatar la errada deriva subjetivista del idealismo racionalista, incluida su última versión, la posmodernidad, con su deconstrucción general. Como señala Maurizio Ferraris respecto a los posmodernos, el deconstruir sin reconstruir fue pura irresponsabilidad. Esa reconfiguración de la filosofía se está abordando mediante un retorno al realismo filosófico, abandonado en la modernidad, como apuntan los autores del Nuevo Realismo. En esa línea, Zubiri mantiene su presencia como el pensador que mantuvo y renovó el realismo filosófico en el siglo XX.

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