abril de 2025

PALOMITAS DE MAÍZ / ‘Música para Hitler’: Emocionante homenaje a Pau Casals y al silencio antes de Bach

¡Mis queridos palomiteros!

Hasta el 20 de abril permanecerá en la sala roja de los Teatros del Canal Música para Hitler, que supone su estreno en la Comunidad de Madrid desde ayer, 2 de abril.

Se trata de una excepcional pieza histórica subrayada por una elegante arquitectura dramática. Además, el espectáculo se encuentra apoyado por el límpido trabajo de Carlos Hipólito, Kiti Mánver, Cristóbal Suárez y Marta Velilla, cuatro actores con oficio y estilo propio, que confieren al montaje personalidad suficiente, como mínimo, para acentuar el don de la imaginación.

Por su lado, el libreto —escrito hace 10 años— se ha cocinado a dos manos entre los ya muy reconocidos Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio que repasan, sin caer en los estereotipos, una parte de nuestra historia más reciente, asumida ahora en su vertiente más incómoda y sustentada en circunstancias verídicas, al menos en lo relativo a su planteamiento. Rubio, que también ejerce de director, vuelve a sobresalir, a demostrar por qué tiene todas las credenciales para considerársele un autor polifacético y con talento, que se maneja con soltura en todos los géneros.

Y si no, haciendo un ligero ejercicio de memoria, recordamos algunos de sus trabajos con más éxito. Ahí está el drama histórico Queen Lear (2022), el musical de época El novio de España (2023), el drama antropológico Camino al Zoo (2023) o la comedia desenfadada Una madre de película (2024).

En esencia, Música para Hitler narra las vicisitudes reales del violonchelista Pau Casals, que se vio forzado a exiliarse en el sur de Francia, a Prades, tras la Guerra Civil Española. Con todos sus recursos y mucho empeño se dedicó a ayudar a miles de compatriotas hacinados en los campos de trabajo cercanos. En el año 1943, bajo la ocupación nazi, el genio de la música recibió una inquietante invitación para tocar ante el Führer en su domicilio en Villa Colette. Casals sabía que negarse a hacerlo podría acarrearle terribles consecuencias.

No son pocas las ocasiones donde, tiempo atrás, el cine y el teatro han dado salida a situaciones inquietantes de contexto en línea con Música para Hitler. Ahí tenemos a Un Picasso (2003), del estadounidense Jeffrey HatcherUuuuh! (2005), del español Gerard Vázquez.

También encontramos épicos diálogos, en el entorno de la Segunda Guerra Mundial, en historias como Himmelweg. Camino del cielo (2003), de Juan Mayorga, dirigido por Antoni Simón en el CDN, que seguramente es el más icónico de ese tiempo. Incluso tenemos algún ejemplo de obras teatrales vinculadas al fascismo como J’attendrai (2020), de José Ramón Fernández, dirigida por Emilio del Valle en las Naves del Español.

Marta Velilla y Kiti Mánver

Y es que una obra como Música para Hitler, de tanto tamaño, tanto poso y tanto aún por reflexionar —por no hablar del memorable afinamiento el tratamiento de la forma y el fondo de su trama— requería un sucinto paseo previo por algunos de los resultados con buenos acabados de historia común. Lo que a menudo ocurre con Rubio es que siempre sorprende con algo nuevo. Nunca deja indiferente al espectador. Y eso hace que —además de ser un reto hacia sí mismo para no repetirse— su dramaturgia y su dirección resulten ingeniosas, estimulantes y reconfortantes.

Así las cosas, la pieza despliega ingenio y altura en los diálogos, empatía y ternura hacia los personajes, ecuanimidad ante las posturas enfrentadas, equidad en el tratamiento artístico en cada uno de los personajes y sus conflictos externos y buen gusto por los cuatro costados. Rubio sobresale también por la gravedad y trascendencia de la acción dramatizada, el valor emocional y liberador de la música y el arte, así como un respeto sumo a la figura central de la obra.

Cristóbal Suárez y Carlos Hipólito

Además, el latido de la trama ya se deja entrever a través desde el punto de vista de la escenografía —un panel circular practicable de color roble, que se cierra y abre como un acordeón y que al tiempo sirve para abrir y cerrar los cuadros—, que deja al descubierto la sencillez de la simbólica puesta en escena de Música para Hitler y que a su vez sirve para que el espectador se integre en el drama.

El espectáculo, por su parte, contiene diálogos y situaciones memorables con escenas que ponen los pelos de punta por su intensidad y tratamiento dramático, siempre con la música de Bach de telón de fondo; escenas que se desarrollan sin prisas, lo cual no quiere decir que la obra no se siga con mucho interés gracias a unos parlamentos maravillosos y que además resulta fresca, original, rítmica y muy emocionante.

A todo ello contribuye el acierto de disponer de un elenco que ofrece todas las garantías. Todos ellos están de premio, nadie desdice del conjunto, y resultan especialmente impagables los duelos interpretativos —cada uno en su tono y desarrollo— que son una lección de interpretación absoluta.

Carlos Hipólito, Marta Velilla, Cristóbal Suárez y Kiti Mánver

Más en concreto, Hipólito (que interpreta a un grave y gruñón Pau Casals ya a una edad provecta) y Mánver (que encarna a la mujer con los pies en la tierra y con la que comparte su vida) están en línea de afinamiento con sus personajes, se aprecia su apabullante química y resultan muy efectivos y oportunos los resortes que Rubio —ahora más en el modo de dirección de actores— les imprime a cada uno.

Lo mismo ocurre con el vibrante trabajo de Marta Velilla y con el épico duelo entre Suárez e Hipólito sobre los que se asienta la parte principal de la trama (más en los cambios que experimenta Suárez desde su aparición en el escenario hasta su salida, bien marcados y reforzados para que todas las idas y venidas por las que transita su personaje estén en su sitio). Un trabajo de gran esfuerzo del que hay que dejar constancia.

En fin, una obra sin fisuras, muy recomendable —transforma la premisa argumental del asunto político para dar paso a un conflicto entre seres humanos civilizados— repleta de virtudes, elegante, ajustada en tempo y ritmo, y con un equipo artístico y técnico de campanillas que conmueve, emociona y pone en valor —rescata— del posible olvido al gran Pau Casals.

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